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Villa Ocampo: la casa de Victoria es un patrimonio cultural donde conviven los fantasmas, el arte y la historia de la Argentina del siglo XX

Al pie de las barrancas sanisidrenses, entre la elegante avenida Del Libertador y el renovado Tren de la Costa, en un recodo de la calle Elortondo, se erige la fastuosa Villa Ocampo, la residencia que la escritora Victoria Ocampo estableció en el partido de San Isidro convirtiéndolo en un refugio de pensadores y lugar de descanso de algunos de los personajes más destacados del siglo XX. La mansión, en un principio, fue la casa de vacaciones de la familia, y luego pasó a ser la quinta de fin de semana, pero terminó convirtiéndose en la residencia estable de Victoria hacia la década del 40. 

Durante medio siglo, hospedó a algunos de los principales forjadores del siglo XX, "prestigiosos intelectuales argentinos y extranjeros como Graham Greene, Roger Caillois, Waldo Frank, Alfonso Reyes, Albert Camus, André Malraux, Aldous Huxley, Le Corbusier, Octavio Paz, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Maurice Ravel, Walter Gropius y Jorge Luis Borges, entre otros, visitaron a Victoria en Villa Ocampo, entre charlas, discusiones y lecturas se fermentaron algunas de las ideas y proyectos más importantes de su tiempo", se informa en el sitio web del Proyecto Villa Ocampo de la UNESCO.


"En ese foro del pensamiento internacional, Victoria y su grupo lucharon por la posibilidad de un pensamiento liberal en una época en la que los países latinoamericanos tambaleaban tironeados por gobiernos militares y depresiones económicas. Invitados por Victoria, pasaron por Villa Ocampo personalidades culturales del mundo entero: Tagore, Stravinsky -quien compuso una obra para Victoria y la estrenó en su casa-, Ortega y Gasset, Roger Caillois -que vivió años en nuestro país y dirigió la importante colección La croix du Sur de Gallimard- y otros", continúa la nota que describe la casa donde habitó Victoria Ocampo. 

La ensayista Victoria Ocampo nació en Buenos Aires el 7 de abril de 1890, bautizada con el nombre de Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo.en el seno de una acomodada y tradicional familia de la sociedad porteña, su padre fue el ingeniero Manuel Ocampo y su madre Ramona de Aguirre de Ocampo. Durante su infancia y adolescencia,  las tradiciones familiares y las buenas costumbres de la época enmarcaron su educación.  Los biógrafos de la ensayista coinciden en que “recibió toda su educación de manera particular y domiciliaria, y siempre demostró ser una joven inteligente y capaz, que gustaba sobre todo de la lectura y de la escritura creativa”. Su primer viaje a Europa se dio a la edad de 6 años, lo que sería una marca en su vida. De hecho, al cumplir la mayoría de edad, Victoria inició el camino que la liberaría de la rigidez de las reglas sociales de los tiempos del primer Centenario adoptando lentamente una personalidad y una ideología feminista que marcaría toda su vida y su obra literaria.

La Mansión de Villa Ocampo


En relación a la historia de esa casa, se afirma en la publicación que "se remonta a 1891, la mansión es de estilo pintoresquista inglés, con varias influencias, entre ellas del Norte de Francia. Consta de tres plantas de unos 450 metros cuadrados cada una, más un sótano y una importante galería de unos 80 metros cuadrados. La casa está rodeada por un legendario jardín que constaba de unas 10 hectáreas a fines del siglo XIX y hoy tiene unos 10,000 metros cuadrados. La casa no sufrió grandes transformaciones edicilias desde su construcción hace más de un siglo. Sus alrededores, en cambio, están en gran medida cambiados. Algunas fotografías y testimonios de Victoria nos dan una imágen de lo que fue a principios del siglo XX". 

Una recorrida por el interior de la mansión inmediatamente nos remite al pasado, a los tiempos en que la sociedad patriarcal reunía a los apellidos más destacados en interminables tertulias, en los salones que hoy se muestran con fotos, mobiliario y otros elementos lo que fue el pasado esplendoroso de la casa de Victoria Ocampo.

Puede leerse en el sitio web oficial que  "la casa estaba rodeada por un frondoso jardín y llegaba hasta el Bajo, donde pasaba el tren. Se llegaba en break tirado por caballos o con el tren, hasta la estación del Bajo". Victoria contaba que "había cisnes en un laguito, y que había un invernadero, que probablemente estaba del lado de la barranca. Desde la verja sobre El Camino Real volvía a la casa a caballo, sobre un camino de piedra". 


Así prosigue el texto, "Victoria describía la felicidad única que representaba ir al Bajo, una vez al mes, donde pescaban bagres, y contaba que allí había vacas. Recordaba con nostalgia el sonido del tren del Bajo y “la avenida de los álamos bordeada de zanjas con agua a flor de barro”. En el jardín, cerca de la fuente, había un gran farol, similar al que se ven el las plazas públicas. Ese farol fue sacado por Victoria a principios de los años 40. La casa tenía instalación eléctrica desde su construcción, comodidad muy rara en esa época. Del interior de la casa en esos años se saben algunas pocas cosas: la ubicación de las habitaciones de Manuel Ocampo, en la planta baja, y de la Morena, en el primer piso; y el sótano, donde había una cocina inmensa, el comedor de los sirvientes y otro cuarto grande que se llamaba ‘la despensa’ donde se guardaba la fruta, la leche recién ordeñada del Bajo". 


Y sigue el escrito virtual, "Victoria decía que mis visitas a la cocina eran asiduas. Se sabe que también había un piano 
-anterior al que se conserva hoy, que fue fabricado en 1913- y que ese piano se encontraba en el primer piso. Por esos años también se construyó una cancha de tenis (innovación de su tía Mercedes), que Victoria hizo sacar cuando se mudó allí".


 


Acerca de los cambios en la casa se sostiene, "las grandes transformaciones del parque se sucedieron después de la muerte de Manuel Ocampo en 1930, cuando el terreno fue loteado. En 1947 la casa sufrió un incendio. Victoria dijo que todos los libros de la biblioteca, abajo, y las sillas y las mesas, etc, han quedado reducidos a ceniza... Todos los libros de mi padre y parte de los míos se han quemado. Mesure, Commerce, la NRF, la Revista de Occidente. Pero son los Jules Verne los que más lamento y las Enciclopedias. La marca más visible de la intervención de Victoria al instalarse en la casa en 1942 está en el interior y en la decoración. Influenciada por el modernismo, Victoria pintó el interior de blanco (era oscuro), y colocó muebles y obras de arte del siglo XX que convivieron con la arquitectura y decoración del XIX. La sala de estar, donde transcurrieron gran parte de los eventos sociales de Villa Ocampo, es tal vez el mejor ejemplo, donde el mobiliario antiguo y los dibujos de Helleu conviven con las paredes blancas y el tapiz de Léger".




Además, se detalla que "las intervenciones sobre la pintura de la casa fueron varias y siempre parciales. El color original era ocre rojizo, las pinturas de Victoria fueron cambiando progresivamente el color hacia un tono mas rosa, que luego fue cambiando a su vez por el efecto del tiempo. Desde el principio hubo siempre un contraste fuerte entre el color de las paredes exteriores y el de las molduras, en un tono mas claro". 








"Victoria Ocampo mostró un interés particular por las vanguardias europeas de principios del siglo XX, por la necesidad de promover un cambio radical en el arte, pero sin despreciar el pasado, al contrario, Victoria conservó y puso en valor las piezas del siglo XIX heredadas de su familia. Villa Ocampo es un singular ejemplo de colección donde dos siglos dialogan en sintonía y donde la posibilidad de comunicación (antes que de ruptura) entre dos modos de ver y entender el arte, logra convivir en armonía", se indica en el texto sobre Muebles y Artes difundido en el sitio web de Villa Ocampo. 

"La colección incluye un tapiz realizado por la casa Myrbor sobre un original de Pablo Picasso, comprado en París en 1929, que en un principio fue utilizado como alfombra, pero que al tiempo su dueña prefirió proteger de los fumadores descuidados colocándolo en la pared. Otras obras importantes son los dos retratos de Prilidiano Pueyrredón -el de don Manuel José de Ocampo y González, bisabuelo de Victoria y prominente político, y el de su esposa Clara Lozano-, una antigua cabeza de mujer en mármol blanco, copia de un original griego, comprada en la Exposición de París en 1913 y un óleo de Pedro Figari pintado 1925; los retratos realizados a la punta seca por Paul Helleu en 1909 (gran retratista de la belle époque y quien dejó la última imagen de Proust) y sobre una mesa, un pequeño bronce en el que el príncipe Troubetzkoy captó el encanto de la dueña de casa envuelta en una capa de chinchilla", puede leerse en la publicación electrónica. 

Finaliza el texto, "un óleo sobre tela de Pascal Dagnan-Bouveret muestra a una Victoria espléndida, enfundada en un vestido blanco y con una capa de color oscuro sobre los hombros. Tiene una rosa roja prendida al cinto y un libro en la mano derecha. La colección de fotografías comprende más de 200 piezas, incluyendo un retrato de Graham Green del fotógrafo Yousuf Karsh, otro de Pierre Drieu La Rochelle tomado por Man Ray, retratos de Igor Stravinsky, Virginia Woolf y Charles Chaplin dedicados a Victoria, daguerrotipos y una serie de fotografías estereoscópicas que describen una Buenos Aires irreconocible de principios de siglo XX".





El Jardín de Victoria


"A pesar de sentirme ciudadana del mundo estaba profundamente arraigada a mis barrancas sanisidrenses, escribió Victoria Ocampo en 1976 recordando el jardín de Villa Ocampo, sus caminatas diarias entre los senderos perfumados por las madreselvas y sus tranquilas lecturas a la sombra de los árboles. El trazado original del jardín de Villa Ocampo fue, al igual que la casa, obra de Don Manuel Ocampo. En aquel frondoso espacio verde -originalmente de 15 hectáreas y hoy de 10.500 metros cuadrados y casi la mitad en barranca-, se extienden árboles añosos, gigantescos ombúes, robles y araucarias. Enamoradas del muro, eucalyptus, magnolias, un cedrón que se utilizaba para preparar el té de su hermana Angélica, jazmines del cabo y, lo que era el orgullo de Victoria, una gardenia thumbergia de flores como fragantes margaritas que perfuman el aire, crecen majestuosas", inicia el escrito acerca del Jardín de la casona de Victoria Ocampo en el sitio web.


Más adelante se detalla que "la escalinata imperial de la casa vincula la galería posterior -de columnas apareadas y balaustres- con el jardín que se extiende detrás de la casa y que baja hacia las barrancas. En su centro una fuente circular, en eje con la escalera, "arroja agua con la displicencia de quien duerme una siesta eterna. A los costados de la casa, entre árboles, plantas rastreras y arbustos, se conserva un antiguo aljibe de hierro forjado y una estatua de mármol con la figura de una mujer". 

"Hacia el este, al borde del barranco, una glorieta octogonal de cemento armado (aunque sus columnas y barandas simulan ser troncos de árboles) se alza sobre el río. En mis barrancas de San Isidro el río era prolongación de otra cosa: del pasto, del barro; prolongación de mis ojos, de mí misma, sin más importancia que la de mis trenzas que barrían el Cuaderno San Martín a la hora del dictado, escribió en 1965 en una nota aparecida en el diario La Prensa", prosigue el artículo.

"Tras la muerte de su padre Victoria heredó Villa Ocampo y se dedicó a renovarla. Eliminó la cancha de tenis y cambió el polvo de ladrillo por grava molida grueso. Plantó especies autóctonas, privilegiando las flores blancas, los frutales, y los olores. Dos Santa Ritas en la galería posterior y en un lado de la casa, adornaban esplendorosas por entonces la casa. Y las dalias que allí crecían eran su orgullo", se detalla en el artículo.




Y finalmente, cierra el texto con una descripción sobre la barranca,"el camino de carruajes que bajaba por la barranca hoy está cortado por una calle y con los años se ha transformado en un túnel verde, con los adoquines cubiertos de hojarasca y la luz colándose entre las ramas. Victoria dejó testimonio de su amor y auténtica comunión con la naturaleza".




La muerte de Victoria y el legado de Villa Ocampo

En 1973, tras el ascenso del peronismo al poder y frente a su edad avanzada, se convenció de donar a la UNESCO (la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) sus bienes, temerosa la escritora que su legado no fuera correctamente administrado por el Estado argentino. De reconocida enemistad con el peronismo desde los tiempos del surgimiento del movimiento político en los años 40, creyó que el gobierno le expropiaría sus propiedades, por lo que en la cesión a la UNESCO pensó en una organización internacional que fuera respetuosa, confiable y que reuniera a la cultura tanto en la mansión de Béccar como en la residencia de Mar del Plata, "para ser utilizada con un sentido vivo y creador, en la producción, investigación, experimentación y desarrollo de actividades culturales".

Victoria Ocampo falleció el 27 de enero en 1979 y la UNESCO se hizo cargo de Villa Ocampo. En 1997, Villa Ocampo fue declarada Monumento Histórico Nacional 
según Decreto 437 del 16 de mayo de 1997. En el año 2003, Villa Ocampo sufrió un gran incendio en sus techos, en el ala norte de la casa. Con ese incendio, se perdieron importantes objetos patrimoniales entre libros, muebles y cartas. El hecho, ocurrido por el mal estado de la vieja instalación eléctrica, llevó a la UNESCO a crear ese mismo año un ente destinado a restaurar la Villa Ocampo, que se denominó Proyecto Villa Ocampo, con la colaboración del Estado argentino, de la Municipalidad de San Isidro, de la Asociación Amigos de Villa Ocampo, de muchos donantes y patrocinantes, y de la propia UNESCO.

En 2003, se inició el proceso de renovación y restauración de la villa histórica, incluyendo la casa, el jardín y los bienes muebles. Los trabajos, financiados con una contribución del Estado a través del Ministerio de Planificación Federal de la Nación permitieron habilitar la casa progresivamente a partir de 2005. La parte principal de la renovación concluyó en 2008". La biblioteca de la casona, refuncionalizada, luce los 11.000 libros que representan el corazón del acervo cultural de Villa Ocampo.

La tarea de restauración y puesta en valor de la imponente biblioteca de la escritora Victoria Ocampo se inició en 2006 y un año después finalizó la primera etapa, en la que se procedió a la limpieza de todos los volúmenes, la revisión y corrección del inventario, además de seleccionarse los ejemplares “más valiosos y representativos de la historia cultural de la casa”. En el 2008, se trabajó en la segunda etapa de recuperación de la biblioteca con la restauración el mobiliario y la digitalización del material más valioso. Victoria Ocampo fue “una lectora apasionada y voraz”, un legado que dejó para las futuras generaciones.

La biblioteca de la escritora y traductora Victoria Ocampo exhibe “las recopilaciones de mitos con novelas policiales francesas de la Serie Noire, los Seminarios de Jacques Lacan dedicados de puño y letra por su autor, con las obras completas de W. H. Hudson, la edición original del Manifiesto del surrealismo de André Breton con una nutrida colección de sherlockiana”. Los críticos literarios coinciden en que “uno de los rasgos que definen a la escritora fue su capacidad para combinar la frecuentación de los clásicos iniciada en su infancia con una curiosidad intelectual siempre renovada”. Sin lugar a dudas, la biblioteca refleja “la educación literaria y sentimental de su propietaria” y revela “las estrechas relaciones que mantuvo con obras y autores a lo largo de su vida”.

En su rica y extensa vida literaria, Victoria Ocampo publicó novelas, relatos y ensayos, como De Francesca a Beatrice (1924), La laguna de los Nenúfares (1926), Domingos en Hyde Park (1936), Lawrence de Arabia y otros ensayos (1951), El viajero y una de sus sombras (1951), Virginia Woolf en su diario (1954), Tagore en las barrancas de San Isidro (1961), La bella y sus enamorados (1964), Juan Sebastián Bach (1969), El hombre (1964), Diálogo con Borges (1969), Diálogo con Mallea (1969). En 1935, apareció el primer tomo de sus Testimonios (el décimo y último apareció en 1977). En 1935, apareció el primer tomo de sus Testimonios (el décimo y último apareció en 1977).

La casa de Victoria Ocampo, ubicada en Elortondo 1837 (Béccar), se abrió a la comunidad para las visitas y se puso en marcha una programación cultural amplia y abarcativa dirigida a un público diverso que puede recorrer la casa de miércoles a viernes de 12:30 a 18 horas, y los fines de semana y feriados de 12:30 a 19 horas. Se realizan visitas guiadas los miércoles, jueves y viernes a las 15:00. y 16:30 horas; sábados, domingos y feriados, desde las 14:00 cada una hora aproximadamente. El espacio cultural posee un restaurante y cafetería donde se ofrecen espectáculos musicales. Villa Ocampo puede visitarse en su sitio web.

Villa Ocampo, la casa de la escritora Victoria Ocampo, integra el patrimonio cultural tangible de la Argentina. Emblemático espacio de la “memoria histórica del país" donde convergen valores correspondientes a hechos, personajes y sitios de la historia y la cultura nacional. La figura, la trayectoria y el legado de la escritora Victoria Ocampo conviven con la fastuosidad de la mansión, el bucólico jardín y la barranca con su elegante adoquinado. El arte de Victoria persiste en el tiempo, vive en la casa, en cada uno de sus ambientes, en los miles de libros y en todos los objetos que habitan la Villa Ocampo. 

Álbum de fotos del paseo disponible en: Villa Ocampo en Beccar

San Isidro: la Feria Artesanal de la Plaza Mitre es un tradicional paseo de la costa norte

La tradicional e histórica Feria Artesanal de la Plaza Mitre funciona desde el año 1971, es un evento turístico y cultural que cuenta con cerca de 150 puestos, en donde los visitantes podrán encontrar a los artesanos "que producen objetos casi únicos, diferenciándose de la realización masiva, seriada e impersonal". La feria, que tiene una página web, abre los fines de semana y feriados de 10 a 21 horas, una propuesta que incluye espectáculos musicales y teatrales callejeros.

Álbum de fotos del evento disponible en: Feria de Artesanos de Plaza Mitre en San Isidro

Quinta Los Ombúes: un rincón de la historia argentina en San Isidro, allí se cantó el Himno Nacional por primera vez

La Quinta "Los Ombúes" se sitúa en el Paseo homónimo, de la localidad de San Isidro, fue propiedad de Mariquita Sánchez de Thompson y Mendeville. En la actualidad es el Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal Beccar Varela. El propietario original de la chacra donde se emplaza "Los Ombúes" fue Pedro de la Torre, quien recibiera la parcela en 1580 con el reparto de tierras de Juan de Garay. En 1612 su propietario era Alonso Díaz Ferreyra y en 1706, cuando la chacra estaba a nombre de Gonzalo de Zárate, Domingo de Acassuso adquirió una parte de las tierras para destinarla a la capellanía y la capilla lo que, con los años, devino en el antecedente más concreto del origen de San Isidro. 

En 1784 Cecilio Sánchez de Velazco, Alcalde de primer voto del Cabildo de Buenos Aires, compró la propiedad y, en 1812, la heredó su hija, la célebre Mariquita Sánchez de Thompson quien la vendió en 1829 a Rosa Azcuénaga de Santa Coloma, cuya familia tuvo destacada actuación durante el virreinato. En 1867, la chacra pasó a manos de Pascuala Beláustegui de Arana, viuda del Dr. Felipe Arana, Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Juan Manuel de Rosas. Desde 1872, la Quinta Los Ombúes fue propiedad del jurisconsulto Dr. Eduardo Lahitte y, desde 1881, quedó en posesión de Dr. Cosme Beccar y de su esposa María Varela, matrimonio que perpetuó el apellido Beccar Varela a su numerosa descendencia. Uno de sus hijos, el Dr. Horacio Beccar Varela, fue quien legó la Quinta los Ombúes a la Municipalidad de San Isidro que, en el año 2005 la declaró de Interés Histórico Municipal. Desde el 2 de octubre de 2007 es Monumento Histórico Nacional mediante el Decreto 1.284. La inauguración del museo en esta sede se realizó el 16 de Mayo de 2006.

En su hogar se cantó por primera vez el Himno Nacional Argentino. Ella fue quien interpretó las primeras estrofas del Himno. Los estudiosos de la historia sostienen que en esa casa concurrieron Liniers, Pueyrredón, San Martín, Alvear, Balcarce, Sarratea, Rivadavia, Brown, fray Cayetano Rodríguez, Esteban de Luca, Vicente López y Planes y Blas Parera, este último fue quien hizo escuchar por primera vez las estrofas del Himno Nacional en una de aquellas veladas. El retrato de Mariquita Sánchez de Thompson se encuentra junto a los de otras mujeres argentinas relevantes en el Salón de las Mujeres de la Casa Rosada de Buenos Aires, inaugurado por la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner en marzo de 2009.

Álbum de fotos del paseo disponible en: Quinta Histórica Los Ombúes en San Isidro

Quinta Los Naranjos: un trazo de la historia y la arquitectura del siglo XIX en San Isidro

De característico color rosado, la Quinta "Los Naranjos", ubicada en Calle Belgrano 868, en la ciudad de San Isidro, constituye todo un ejemplo de arquitectura suburbana italianizante del siglo XIX, sumamente característica en la provincia de Buenos Aires. Originariamente fue parte de la chacra conocida como Los Ombúes, cuya propietaria era Mariquita Sánchez de Thompson, la que donó una fracción de tierra en 1814 a Juan Nonell, quien construyó la casona. 

Ésta se emplaza dentro del área de preservación patrimonial declarado por la Municipalidad de San Isidro. Por Decreto 1.284, firmado por el Presidente Néstor Kirchner el 2 de octubre 2007, se la declaró "Bien de Interés Histórico Nacional" a partir de un minucioso estudio de la Comisión Nacional de Museos, de Monumentos y Lugares Históricos de la Nación.

Álbum de fotos del paseo disponible en: Quinta Histórica Los Naranjos en San Isidro

Quinta La Porteña: residencia construida sobre planos de 1840 en San Isidro y que habitó el último gobernador de Malvinas

La Quinta La Porteña, ubicada en Calle Belgrano 839, dentro del área de preservación patrimonial declarado por la Municipalidad de San Isidro. Esta residencia fue construida en 1965 sobre los planos originales de mediados del siglo XIX (del año 1840), de allí sus características tan particulares, como el color rosado fuerte de sus paredes, el verde claro de sus ventanas y rejas, un pequeño perrito que parece de verdad y otro más grande en el ingreso principal. Adornan el jardín un antiguo aljibe de mármol blanco y un juego de jardín, también en tonalidades verdes acordes a la época en que fuera construida la casa originaria. 


Allí vivió Luis Vernet nombrado Comandante Político y Militar de las Islas Malvinas en 1829. Vernet ya venía realizando una intensa acción colonizadora en las islas y, para 1826, había logrado asentar una población de un centenar de personas. Atento a esos méritos, el gobierno argentino lo había nombrado Gobernador con atribuciones civiles y militares. Integra el circuíto histórico-turístico conocido como Paseo de Los Tres Ombúes.

Álbum de fotos del paseo disponible en: Quinta Histórica La Porteña en San Isidro 

San Isidro: la tradicional Barranca de la Plaza Mitre que mira al río y al viejo tren de la costa

La Plaza Mitre, ubicada sobre Av. Del Libertador al 16.300, y las calles Ituzaingó, J. B. de La salle y Pedro Menini. Es la plaza principal del partido de San Isidro, construida en dos niveles de las barrancas, en uno de los cuales, el inferior, se encuentra un reloj floral instalado por iniciativa del entonces intendente Becar Varela, en 1913, el primero que se instaló en Argentina. La Plaza fue declarada Lugar Histórico Nacional mediante el Decreto 9.226 del 10 de octubre de 1963, que también reconoce al Algarrobo, situado en las Barrancas de San Isidro, como Árbol Histórico Nacional. Una placa recuerda que en el año 1815 a su pie mantuvieron una larga entrevista San Martín y Pueyrredón.

La sombra de las centenarias "Tipas" cubren la plaza y el lila profundo de los "Jacarandáes" permiten disfrutar de un paseo inigualable. Al pie de la barranca de la plaza y cruzando la calle Lasalle, en encuentra la Estación San Isidro R del Tren de la Costa. Los fines de semana funciona la Feria de Artesanías, donde los visitantes pueden adquirir una gama variada de objetos de arte, joyería, de madera, tejidos y otros productos.

Álbum de fotos del paseo disponible en:  Plaza Mitre y las Barrancas de San Isidro

Paseo El Tala: un mirador con vista al río y una escalera que desciende por la barranca

El Paseo El Tala se inauguró el 11 de abril de 1914 en medio de un gran festejo popular. Se ubica en la calle Martín y Omar, en su corte hacia el bajo. El nombre se debe a un gran ejemplar que había en la casa de Matilde Vernet, la hija del primer gobernador de las islas Malvinas, Luis Vernet, quien por haber sido la primera mujer en nacer en las islas era llamada Malvina. La familia Anchorena, dueños de la quinta Santa Clara existente en ese lugar por aquellos años, se hizo cargo de gastos de este paseo, siendo construido por la empresa sanisidrense Tiscornia y Morganti, quienes diseñaron también los dos bancos de cemento rústico que aún persisten. 

Todo este paseo es de estilo pintoresquista que imita la naturaleza. Son troncos de cemento pero que desde cierta perspectiva parecen construidos en madera. Desde el mirador al Río en la barranca se baja por una escalera. La obra de recuperación del paseo consistió en la restauración y reconstrucción de la escalera, la instalación de un sistema de iluminación y la parquización de la barranca, como los trabajos realizados en la terraza alta del Paseo, con la renovación y recuperación de los solados; la reconstrucción de bancos y barandas. Asimismo, se realizaron trabajos necesarios para la preservación del añoso Tala existente.


Álbum de fotos del paseo disponible en: Paseo El Tala en San Isidro

Paseo de Los Paraísos: la Placita de los Curas en el casco histórico de San Isidro

El Paseo de "Los Paraísos" fue inaugurado el 6 de noviembre de 1910. Se encuentra en el casco histórico de San Isidro, al costado de la Catedral, limitado por las calles Monseñor de Andrea y Juan Bautista de Lasalle. Se lo conoce también como "Placita de los Curas" y, en efecto, es una pequeña placita encerrada entre dos construcciones que tiene el encanto de poseer una fronda a sus pies, que se proyecta y continúa el paseo hasta la barranca, se baja por una escalinata flanqueada por paraísos (de ahí su nombre). 

Dicen los lugareños que desde hace mucho tiempo, esta placita por estar cerca de la catedral, se veía a los clérigos que fueran a hacer allí sus meditaciones en el silencio y a la sombra de sus árboles, y por esta costumbre le ha quedado el segundo nombre. 

Tiene una balaustrada que da sobre la barranca, obra del constructor Tíscomia, el que también es responsable de ia existente en el Paseo de los Tres Ombúes.

Álbum de fotos del paseo disponible en: Paseo de los Paraísos en San Isidro

En San Isidro la memoria de la historia argentina se recrea en el Paseo de los Tres Ombúes

El Paseo de los Tres Ombúes se encuentra en el casco histórico de San Isidro, en la intersección de las calles Belgrano y Adrián Beccar Varela. En calle Luis Vernet, en medio de quintas con vista al río y la barranca, se encuentra a la Quinta La Porteña, quinta de Margarita Perkins de Anchorena. Y sobre la calle Beccar Varela, sobresalen la Quinta Los Naranjos y la quinta que perteneciera a Mariquita Sánchez de Thompson, patricia que se recuerda como la primera cantante de Himno Nacional Argentino, la Quinta Los Ombúes -hoy museo histórico municipal-. Declarado Lugar Histórico Nacional por Decreto 9.226 del 10 de octubre de 1963.

El Paseo de Los Tres Ombúes es uno de los paseos más apropiados para conocer el San Isidro colonial. El dato es que de los tres ombúes que se asomaban a las barrancas y al río sólo quedan dos. En los folletos turísticos se afirma que "el paseo huele a jazmín, a madreselva, se asoman por encima de los muros las trepadoras, el silencio se pasea orondo, y las casas, de estilo colonial, parecen contar viejas historias".

Álbum de fotos del paseo disponible en: Paseo de los Tres Ombúes en San Isidro

Tres Ombúes: el Mirador de San Isidro con una bella vista de las barrancas

En la intersección de las calles Adrián Beccar Varela y Belgrano, en pleno casco histórico de San Isidro, entre la Quinta Los Ombúes, donde vivió Mariquita Sánchez de Thompson, actual Museo Histórico Municipal, y la Quinta Los Naranjos, se emplaza el Mirador de los Tres Ombúes, cuya balaustrada que da sobre la barranca es obra del constructor Tíscomia, quien es el responsable de ia existente en el Paseo de "Los Paraísos". 


El Mirador de los Tres Ombúes fue donado por Mariquita Sánchez para que todos los vecinos pudieran disfrutar de la hermosa vista de las barrancas de San Isidro al Río de la Plata. El Paseo Tres Ombúes fue declarado Lugar Histórico Nacional, el 10 de octubre de 1963, por Decreto 9.226.

Álbum de fotos del paseo disponible en: Mirador de losTres Ombúes en San Isidro

San Isidro: la memoria histórica en el entorno de la Catedral y las Barrancas

La historia de la San Isidro colonial se escribió a partir de 1580, tras la segunda fundación de Buenos Aires, con la repartición de las tierras ubicadas al norte de la ciudad de La Santísima Trinidad (hoy, ciudad de Buenos Aires). Dentro del llamado "Pago de La Costa o del Monte Grande" se encontraba el territorio del actual Partido de San Isidro. Un capitán español, Domingo de Acassuso, dueño de varias hectáreas en esta zona, decidió levantar una capilla bajo la advocación de San Isidro Labrador, Santo Patrono de su familia en España, siendo éste el origen del nombre del partido. Nada quedó de la primera capilla construida en 1707 pero en esa ubicación se levantó la Catedral de San Isidro. A fines del siglo XVIII, las tierras destinadas a la labranza, pasaron a ser lugar de descanso de las familias de la aristocracia porteña. 

A su vez, se construyeron amplias residencias rodeadas de inmensos jardines que le dieron a San Isidro esa singularidad que es sello distintivo. Es la avenida Del Libertador, tras cruzar la calle Sáenz Peña, que se convierte en una calle estrecha y adoquinada, con antiguos faroles que le dan el toque de barrio colonial. La Plaza Mitre y la Catedral son los paseos turísticos más visitados, ambos declarados Lugar Histórico Nacional, por Decreto 9.226 del 10 de octubre de 1963. La manzana delimitada por Del Libertador y las calles Ituzaingó, 25 de Mayo y 9 de Julio, se aprecian construcciones antiguas de variada arquitectura, entre ellas el edificio del Honorable Concejo Deliberante que fue habilitado en 1875 como palacio municipal. 

Sobre la esquina de la calle 9 de Julio y Av. del Libertador se encuentra el Chalet Las Brisas de 1895. El solar contiguo, una de las construcciones más antiguas, de estilo colonial de principios del siglo XIX, alberga al Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal que perteneció a Fernando Alfaro, primer presidente Municipal, la Casa Museo de Alfaro. En Anchorena 445, frente a la Catedral, se erige una de las residencias de la familia Anchorena, su casa de veraneo, una construcción de estilo renacentista español de 1840 que ocupa el Colegio San Juan el Precursor.

Álbum de fotos del paseo disponible en: Entorno Histórico Catedral-Barrancas de San Isidro

Casa Museo de Alfaro: la antigua sede municipal de San Isidro que luce totalmente remozada para la comunidad

La Casa Museo de Fernando de Alfaro fue la primera sede municipal de San Isidro, ubicada en Av.Del Libertador 16362 (San Isidro), en la actualidad funciona allí la Oficina de Turismo. La casona perteneció a un acaudalado comerciante y uno de los más ricos propietarios de la Patagonia, Fernando de Alfaro, reconocido como "Héroe en la defensa de Carmen de Patagones" por su destacada participación en la defensa de ese puerto ante la agresión portuguesa el 7 de marzo de 1827, que significó la rendición de una fuerza expedicionaria de 600 brasileños. El 14 de julio de 1833 recaló en San Isidro con la compra de la propiedad frente a la Plaza Mitre. En la función pública se destaca la banca que ocupó en 1852 en la Cámara de Representantes de la provincia por el partido liberal. En 1854, con la creación de la Ley de Municipalidades un grupo de destacados vecinos del pueblo lo proclamó el primer presidente de la Municipalidad por un período de 4 años. Alfaro, de militancia mitrista, a su salida fue nombrado Prefecto de Policía en San Vicente, pero tras la batalla de Cepeda que significó el triunfo del federalismo ante los porteños, Urquiza lo destituyó del cargo. En su intento por exiliarse en Uruguay, fue alcanzado en las cercanías de Quilmes por Coroliano Márquez, quien lo reemplazó como prefecto, y fusilado junto a otros dirigentes del mitrismo. 

La casa fue adquirida por el municipio en 1971, años de deterioro obligaron a una destacada obra de intervención y puesta en valor patrimonial en 2000, con un importante hallazgo arqueológico en las excavaciones, sumado a la restauración de los algibes y de la fuente. Sobre el particular, Francisco Girelli, director del Centro de Arqueología Urbana, perteneciente al Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas "Mario J. Buschiazzo" de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires publicó el trabajo "El aljibe de la Casa Alfaro en San Isidro, una lectura estratigráfica". Allí se señala que los aljibes cumplían un rol fundamental en las casas hasta principios del siglo XX siendo la única fuente de abastecimiento doméstica de agua. Data de mediados del siglo XIX y tenía una decoración de azulejos sólo en la parte inferior a modo de un zócalo que resolvía la transición con el suelo".

El académico expresa en la publicación que "no se dispone información exacta de cuándo se realizó dicho revestimiento, podemos suponer que formó parte de los arreglos generales realizados en la casa en 1865, encargados por Cecilia Muñoz tras el fallecimiento de su marido, Fernando Alfaro". Sostiene que "los trabajos de excavación llevados adelante en 2001 se dio en el interior de la Casa Alfaro y un sondeo en el jardín existente entre la Casa Alfaro y la Casa Alfaro-hijo". Afirma en su escrito que "muchas cosas cambiaron en la Casa Alfaro desde que se hiciera la puesta en valor del conjunto, por lo pronto ya no funciona más el Museo que se mudó a la Quinta Los Ombúes. Posiblemente sea la casa más antigua de San Isidro, actualmente alberga oficinas municipales secundarias".    

"El edificio se encuentra bien mantenido y no parecía haber sufrido mayores intervenciones", asevera Francisco Girelli, director del Centro de Arqueología Urbana, en el trabajo de su autoría denominado "El aljibe de la Casa Alfaro en San Isidro, una lectura estratigráfica", que fuera presentado con motivo de la remodelación de la antigua sede comunal en el Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas de la UBA.

Álbum de fotos del paseo disponible en: Casa Museo de Alfaro en San Isidro 

San Isidro: la belleza de una Catedral con líneas esbeltas que apuntan hacia el cielo

La Catedral de San Isidro se levanta en el corazón del casco histórico del municipio frente a la tradicional Plaza Mitre, ubicada en Avenida Del Libertador al 16200, en la ciudad de San Isidro. Un 6 de octubre de 1895 se colocó la piedra fundamental del templo actual. El 14 de mayo de 1898 se celebró en él la primera misa, dándose por concluidas las obras y consagrándolo el 20 de octubre de 1906. Pero, la historia de la Catedral se remonta a finales del siglo XVII. Allí, en el predio que ocupa la catedral se había levantado un lugar de culto, un rancho de adobe con techo de paja, levantado en 1694 por Domingo de Acassuso, con la existencia de vagas referencias históricas. Años más tarde, el 14 de octubre de 1706, el mismo Acassuso creó aquí una Capellanía en honor de San Isidro Labrador, donando para ello una fracción de terreno de unos 260 metros de frente sobre el Río por 5.000 m. de fondo. Esta fecha es considerada como la de fundación de este pueblo y ciudad. Dos años después, se levantó una primera Capilla de ladrillos y techo de tejas, de exiguas proporciones, en 1708, siendo su sacerdote el Pbro. Fernando Ruiz Corredor, quien vivía en un rancho. Unos años más tarde la Capilla se transformó en sacristía de un templo más grande. Tras varios intentos en que los muros y techos se derrumbaron, fue inaugurado el 24 de abril de 1720. En 1730, el Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires lo transformó en sede parroquial. Subsistió hasta 1895, pero fue necesario demolerlo porque su estado calamitoso amenazaba con el derrumbe.


El 6 de octubre de 1895 se colocó la piedra fundamental del templo actual. El 14 de mayo de 1898 se celebró en el templo la primera misa, dándose por concluidas las obras y consagrándolo el 20 de octubre de 1906. El actual edificio ocupa una superficie de 1.300 metros cuadrados, mide 60 metros de largo por un ancho de 18,50 metros, que en los cruceros llega a los 29 metros. La altura interior es de 19 metros y su torre alcanza los 68,65 metros. Los arquitectos de este templo de estilo neogótico fueron Jacques Dunant y Charles Paquin; Pedro Biasca y sus hijos fueron los constructores. Una Comisión Central, con el asesoramiento del ingeniero Santiago Brian, dirigió la obra y una de Damas se encargó de recaudar los fondos necesarios. Sus nombres de perpetuaron en una placa de bronce.

En la parte superior de la torre hay seis campanas: dos de menor porte fueron colocadas en 1902, una de ellas da las horas y la otra está actualmente inactiva. El párroco Agustín Allievi (1912-33) adquirió otras cuatro de mayor tamaño, hechas en Londres por la casa Gillet y Johnston, con un peso total de unos 5.000 kilos, la mayor de 1.800 kilos, la menor de 800 kilos. Fueron bendecidas el 8 de diciembre de 1923, instaladas el 5 de febrero de 1924 y se echan a vuelo en las grandes fiestas. Poco más abajo, la torre ostenta un reloj de cuatro esferas colocado en 1902. El mecanismo es el original, hay que darle cuerda todas las semanas, funciona con contrapesos y se mantiene en perfecto estado. El 8 de junio de 1957 se creó la Diócesis local. El 10 de octubre de 1963 fue declarada Lugar Histórico Nacional mediante el Decreto 9.226.

El exterior

El estilo se caracteriza por sus líneas esbeltas que apuntan hacia el cielo. Al respecto, el Presbítero Pedro Oeyen, párroco de la Catedral, escribe en el sitio web oficial, "el estilo neogótico surgió a fines del siglo XVIII y se usó hasta principios del XX. Retomó las formas del gótico, utilizado en Europa entre los siglos XII y XVI, pero con materiales y técnicas modernas. Se caracteriza por sus líneas esbeltas que apuntan hacia el cielo, como invitando a elevar la mirada a Dios. Las paredes macizas son reemplazadas por vitrales que generan un ambiente interior propicio a la oración. La planta de este templo tiene forma de cruz latina en tres naves y un ábside circular. En la parte posterior está adosada la casa parroquial en el mismo estilo".


Y continúa el relato, "unas décadas más tarde se construyó un sótano, que luego fue transformado en salón parroquial, bajo el atrio del lado del Río. En 1965 se añadió la Capilla del Santísimo y algunas dependencias para la casa parroquial. En la reciente restauración se procuró que las partes añadidas se diferenciaran visualmente mediante materiales distintos o con diferente tratamiento del original. Los techos eran de pizarra, material frágil y quebradizo, que al romperse producía frecuentes filtraciones que dañaban interior y estructuralmente al edificio. El de la iglesia y casa parroquial fue cambiado por uno de cobre en 1952, el de la torre por tejuelas metálicas en 1992".



Finaliza el párraco Oeyen que, "en 1965 muchas de las partes ornamentales exteriores se habían caído y otras amenazaban hacerlo, por lo cual todas fueron eliminadas, quitándole gran parte de su belleza. En la restauración se repusieron más de 400 elementos, reconstruidos a partir de antiguas fotos, recuperándose así las formas originales. Algunos caben en la palma de una mano, otros pesan más de 3.000 kilos. Vale la pena circular con tranquilidad en torno a la Catedral y admirar los múltiples detalles que la convierten en una de las más bellas del país, recordando que la belleza es uno de los atributos del Creador y que vestigios de ella se pueden hallar en todas las cosas".


El interior


Al entrar en la Catedral se puede apreciar la belleza y grandiosidad de sus formas, resaltadas por la reciente restauración. A ambos lados de la puerta principal se encuentran dos pilas de agua bendita en mármol de Carrara con estilo neogótico, se hicieron en 1901 en el Taller de escultura de Víctor Bustelli, de Buenos Aires, cuando el Padre Enrique Potestá era párroco (1898-1901). Para gozar plenamente de ella es indispensable tener en cuenta que su arquitectura está pensada para que todo ayude a la fe. 

El párroco de la Catedral escribió en la página, "la forma de cruz del templo identifica al pueblo orante con Cristo que se ofreció al Padre. La altura interior invita a elevarse hacia Dios. Los vitraux generan un clima propicio a la oración y sus imágenes nos llevan a desear compartir el cielo con Jesús, la Virgen y los santos (para comprender mejor su significado recomendamos el folleto sobre dichos vitraux). En la restauración se quiso facilitar la participación de los fieles en las funciones litúrgicas. Por eso se reubicó el altar central, se renovó la iluminación, el sonido, etc."

"Originalmente el templo contaba con gran cantidad de imágenes, colocadas casi todas en los retablos de los altares. Entre ellas había varias de Jesús, la Virgen y muchos santos. En esa época el sacerdote celebraba la Misa en latín y de espaldas al pueblo, que mientras tanto rezaba el rosario, el Vía Crucis y diversas prácticas devocionales en honor de los santos. El Concilio Vaticano II (1962-65) reformó la liturgia y estableció que el número de imágenes no debía ser excesivo y la disposición debía guardar un justo orden, que no hubiera más de una de cada santo, ayudaran a la piedad de la comunidad y no distrajeran la atención en las celebraciones", expresa el párroco.

Esto llevó a que se eliminaran la mayor parte de las que había en este templo. Varias fueron donadas a iglesias pobres del interior y sólo quedaron las más importantes. Con la restauración se les dio una mejor ubicación y mayor relieve para favorecer la devoción de los fieles. Para costear los bancos de cedro, el Párroco Viacava (1904-11) organizó una Comisión especial compuesta por las señoritas de Alfaro, Tracers, Arana, Bilbao, Verduga, Pirán, Obarrio, Malbrán, Anchorena, Pietranera, Wilken, Beláustegui, Miguens, Folco, Rolón, Sánchez, Cantilo, Lezica, Martín y Omar, Giménez y Beccar Varela. Los confesionarios, también de cedro, fueron donados por Carolina Marcó de Arana, Juana y María de Anchorena.

En el fondo del templo, a la derecha hay una magnífica imagen del Sagrado Corazón. Es una talla de madera policromada de 2,53 metros de altura, "en ella parece resucitado, con las llagas de los clavos en las manos y los pies, en el centro de su pecho, el corazón herido y encendido en llamas de amor está rodeado por la corona de espinas y coronado por la cruz"; fue donada en 1901 por Mercedes Aguirre de Anchorena y adquirida en la casa Raffl, de París, Francia. Actualmente se apoya sobre una base hecha con partes de los antiguos altares. 

En una pormenorizada descripción del interior de la Catedral, el párroco Oeyen señala que "es común que las imágenes de los santos miren al cielo, en cambio las del Sagrado Corazón y de la Virgen suelen mirar hacia abajo. En ésta los ojos están alineados de tal manera que hay un punto, cercano a la gran pilastra del templo, donde parece que estuviera mirando a los ojos al que está ante Él. Este detalle conmueve a muchos devotos. En el retablo, a ambos lados del Sagrado Corazón, hay dos ángeles, de 1,30 m. de altura, de yeso policromado, con incrustaciones de vidrios de colores. Tienen el mismo origen que la imagen central, fueron donados por la misma persona y antes estaban en el altar mayor. Una peculiaridad digna de ser señalada por ser poco común, es que uno de ellos, con las manos abiertas sobre el pecho, tiene rasgos femeninos y el otro con las manos juntas, es más masculino. Junto al retablo, a la derecha, se puede observar la magnífica escalera que lleva al coro y a la torre, hecha en pino tea y cedro. Su eje central es un tronco macizo 10,50 m. de altura; la baranda artísticamente torneada acompaña el ascenso. El retablo con las placas históricas se encuentra al fondo, a la izquierda de la entrada principal. Antes estaban en el nártex y en el frente del templo".
 
Sobre las naves laterales, el párroco expresa que "las guardas del piso con forma de hojas de vid recuerdan que Cristo es la vid verdadera y sus discípulos los sarmientos; encontramos este mismo motivo ornamental en las bóvedas de los techos, la parte superior de las paredes y el friso exterior. El Vía Crucis es una práctica piadosa que consiste en acompañar a Jesús en su pasión y muerte. Se medita su paso por ese camino que lo llevó al Calvario, deteniéndose, rezando y cantando. Probablemente esta devoción nació entre los peregrinos que visitaban Jerusalén y recordaban los lugares que recorrió el Señor. Con el tiempo, el Vía Crucis se organizó en 14 estaciones o momentos en los que hay que detenerse. En nuestra Catedral, los cuadros que las representan fueron ejecutados al óleo por Giúdici, tienen 1,10 m. de alto por 0,51 m. de ancho. Sus marcos neogóticos de nogal, de 2,07 m. de altura por 0,82 m. de ancho, fueron restaurados y son admirables. Merecen ser contemplados al realizar esta práctica piadosa. Han sido donados en 1901 por Mercedes Aguirre de Anchorena".
 
Acerca del presbiterio, el Presbítero Oeyen dice que "sus elementos principales son el altar, el ambón y la sede, que en el caso de las Catedrales se duplica: una para uso exclusivo del Obispo y otra para los sacerdotes. El altar significa a Cristo, por eso merece siempre honor y reverencia. Es a la vez el ara donde se renueva en cada Misa el sacrificio de la Cruz y la mesa festiva de la Última Cena de Jesús con sus amigos, donde Él se hace presente bajo las especies de pan y vino. El 20 de octubre de 1968 se consagró el actual, colocándose en su interior reliquias de San Isidro Labrador y de los mártires Atanasio, Máximo, Adeodato y Honesta. Las tres primeras estaban en el altar mayor original, las otras dos fueron añadidas en esa ocasión. Es de piedra tallada proveniente de la Sierra de los Padres, hecho a medida, de 1,03 m. de altura y 3,00 m. de largo por 1,20 m de ancho. El material recuerda los altares donde se ofrecían sacrificios en el Antiguo Testamento, su forma remite a la cena fraternal en la que todos rodean la mesa". 

"El ambón es el lugar donde se proclama la Palabra de Dios. Su propósito no es meramente funcional sino simbólico, ya que recuerda a los fieles que en la misa hay una doble mesa: la de la Palabra y la de la Eucaristía. Para destacar su importancia debe estar separado del altar y cercano a los fieles. El actual, de madera tallada, se colocó en 1985. La sede es el lugar donde quien preside la celebración, realiza los ritos iniciales y conclusivos. La episcopal debe destacarse; por eso está sobre una tarima y es un poco más grande que la otra. Tiene 1,60 m. de altura, mientras que la diaria mide 1,40 m., ambas son de madera tallada y lustrada, con algunos adornos dorados y asiento tapizado. Pertenecían a la sede episcopal hecha en 1957, cuando esta iglesia se transformó en Catedral", prosigue el párroco.

Señala sobre el Cristo, "suspendido sobre el altar se encuentra el Cristo Pascual, de 1,80 m. de altura y 1,66 m. de ancho en los brazos abiertos, talla en madera de cedro paraguayo, obra del escultor argentino Diego Curutchet. Fue diseñado en 1985 para ser colocado en este lugar. La imagen representa el misterio pascual de Jesús, por el que pasó de la muerte a la vida. La cruz, los clavos, las espinas, llagas y la sangre recuerdan su muerte. La posición erguida, el cuerpo vigoroso y los ojos abiertos con una mirada que se pierde en el infinito, significan su resurrección, triunfo definitivo sobre la muerte, el dolor y el pecado. La simplicidad general de la figura busca que el que la contempla se centre en el rostro y en la mirada de Jesús, que conoce y ama a cada uno de los que se acercan a Él. Su ubicación en el templo muestra que estamos ante el misterio central de nuestra fe, que se renueva en cada Eucaristía".
 
El ábside: en las paredes laterales se encuentran las imágenes de Nuestra Señora del Carmen y San Isidro Labrador -es el patrono de la diócesis, parroquia, partido y ciudad-. La imagen tallada en madera, de 2,06 m. de altura, fue hecha en 1967 en Madrid, "sigue los parámetros de la imaginería religiosa contemporánea, en la que los personajes son representados con mayor fidelidad a los datos históricos. Por eso viste un sencillo traje de campesino y lleva un atado de espigas de trigo en sus brazos; la mirada elevada a lo alto indica que era hombre de oración", sostiene el párroco en el artículo publicado en el sitio web. Dice acerca de Nuestra Señora del Carmen que "en las imágenes se la representa con el Niño en brazos y vestida con el hábito distintivo de la orden, teniendo en la mano un reducción del mismo: el escapulario, es decir, dos pequeños trozos de tela unidos entre sí por cintas. Quienes lo llevan, confían que su maternal intercesión los librará del purgatorio". 

En el centro del ábside, según el relato del párroco de la Catedral, "se encuentra una evocación hecha con partes de los antiguos altares. Habían sido construidos durante el curato de Padre Andrés Iturburu (1901-1904), en cedro revestido de nogal italiano por José Bosia en el taller de ebanistería llamada “La Artística”, de Buenos Aires. El mismo ebanista hizo también los bancos, confesonarios, marcos de las estaciones del Vía Crucis, credencias, el pie del Cirio Pascual y el púlpito. En cambio, Carlos Cascarini hizo el altar de la Inmaculada. Todos ellos fueron donados por distintos feligreses. A ambos lados de la evocación, sosteniendo los floreros, se encuentran las credencias en estilo neogótico, que originalmente estaban a los costados del altar mayor. A su pie está la piedra fundamental del templo. Es de piedra maciza con una cavidad interior, fue labrada a mano y sus ángulos están facetados. Había sido colocada solemnemente el domingo 6 de octubre de 1895. Realizando tareas de restauración de la Catedral, se la encontró el 22 de mayo de 2007, dentro de un nicho abovedado de un metro cúbico hecho con ladrillos revocados, en el centro del antiguo presbiterio, a un metro de profundidad y a los pies de la tumba de Monseñor Aguirre". 
   
La Capilla del Santísimo se agregó a la Catedral en 1965, es un lugar de silencio y oración personal ante el Señor presente en la Eucaristía. Pero también allí se hacen celebraciones para grupos reducidos, las misas diarias matutinas, algunos casamientos, bautismos. En la página oficial se afirma que "inicialmente se optó por un estilo similar al resto de la Catedral, pero sin guardar las mismas proporciones e incluyendo elementos propios de la reforma litúrgica que estaba en marcha. En los años siguientes se le hicieron diversas modificaciones. Para favorecer el clima de oración, los colores son cálidos en todo el ambiente y las puertas de cerramiento automático aíslan la Capilla de ruidos y paseantes. Los vitraux recuerdan que el centro está en la Eucaristía, que actualiza el misterio de la cruz y cuya luz se derrama sobre el mundo, representado por un círculo exterior. El Cristo Crucificado es una talla de madera de 1,63 m. de alto y 1,26 m. de ancho en los brazos. Se destaca el cuerpo del Señor con el rostro vuelto al cielo, como si estuviera diciendo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". 

El baptisterio, para el párroco Pedro Oeyen. "tiene un carácter significativo, aun cuando muchas veces por motivos prácticos las celebraciones de los bautismos no se hacen allí. Es el recuerdo permanente del primero de los sacramentos que reciben todos los cristianos. La Pila Bautismal, hecha en mármol de Carrara en estilo neogótico, y el vitraux, que representa a Juan Bautista bautizando a Jesús en el río Jordán".

Los Vitraux de la Catedral

 
Afirma el párroco Oeyen en su escrito, "los de la planta alta son de origen francés y alemán, hechos entre 1898 y 1910, salvo los dos que están junto al órgano. Los de la planta baja son nacionales con partes importadas. Observándolos atentamente vemos que fueron fabricados y colocados por grupos. Entre los franceses están el Cristo del ábside, los doce apóstoles y los de los cruceros (lado Norte), hechos por J. A. Bergés, de Toulouse y los que están en los extremos de los cruceros, por Collet y Pasquié en 1902. Entre los alemanes, los doce de la nave central que están más cerca de la puerta principal (seis de cada lado), fabricados por Mayer y Cia, de Munich. Otros, como los que están más cerca del altar en la nave central (franceses), el del Baptisterio y el rosetón principal, no están aún identificados. Se fueron colocando a medida que se obtenían los fondos necesarios y a lo largo de varios años, lo que explica que se haya acudido a diferentes talleres. En algunos está el nombre del fabricante, pero en general no figuran". 

A lo largo de cien años habían sufrido distintos deterioros. Paños enteros, al desprenderse de sus marcos y caer, se destruyeron. A otros les rompieron partes con pedradas, tiros y descuidos. En el trabajo sobre los vitraux de la Catedral, el párroco Pedro Oeyen manifiesta que "al iniciar la restauración del templo fueron examinados por especialistas. Dictaminaron que su estado era crítico. Esto obligó a desmontarlos completamente y restaurarlos parte por parte. Los marcos de hierro que los sostenían estaban en muy malas condiciones. El óxido presionaba sobre ellos y hacía que se curvaran. Al mismo tiempo, esto impedía que las ventanas se abriesen, con lo cual no se podía ventilar el templo. Las aberturas fueron totalmente lijadas con piedra esmeril, tratadas con pinturas especiales y se mejoraron los sistemas de apertura y cierre. Los vidrios de protección, que en parte faltaban, estaban rotos o deteriorados por el paso del tiempo, fueron totalmente reemplazados por otros más resistentes". 

Concluye el párroco, "la antigua masilla, endurecida, rajada y en pésimo estado, fue eliminada y reemplazada por adhesivos de última generación. Los vitraux mismos tenían el plomo en muy mal estado. Hubo que cambiarlo y volverlos a armar. Muchos estaban sucios y manchados con pintura. Todos fueron limpiados y se reemplazaron los elementos irrecuperables. Los paños caídos, en algunos casos, habían sido reemplazados por vidrios pintados, que disimulaban la ausencia del vitraux. En otros, se habían hecho reparaciones incorrectas, sin respetar el dibujo original o con materiales no horneados. Cada uno de estos problemas fue estudiado, se buscó la mejor solución y se corrigió. Sin duda, la empresa que tuvo a su cargo el trabajo, lo hizo a conciencia y hoy podemos gozar de un conjunto en óptimas condiciones".


Antes de concluir la recorrida por la Catedral de San Isidro,  desde el ábside el visitante puede contemplar el histórico órgano, de la prestigiosa marca francesa Aristides Cavaillé-Coll, fabricado en 1906 y bendecido por monseñor Terrero el 6 de enero de 1907. La historia cuenta que fue el párroco Juan Pedro Viacaya logró que un amigo adinerado, amante de la música y compositor de obras sacras, el Dr.José León Gallardo donara el órgano que fue construido a medida para el tempo sanisidrense, a un costo de 20.000 francos franceses, y anteriormente había donado un órgano de la misma marca a la Basílica de Luján. San Isidro muestra con orgullo la restauración de su Catedral, tarea realizada entre los años 1999 y 2009, en una puesta en valor edilicia que también incluyó sus imágenes, elementos litúrgicos y ornamentales. Un lugar de oración y de recogimiento espiritual para los creyentes, abierto a la comunidad para contemplar la belleza de su arquitectura y del arte sacro, en un sitio histórico que forma parte del patrimonio de la Argentina.  

Álbum de fotos del paseo disponible en: Catedral de San Isidro